Conectar -una vez más-
al cordón umbilical
con nuestro origen trascendental
con aquella omnipotencia
de quien nos alejó nuestra impotencia
esa es la encomienda
somos seres amorosos
hechos de Luz
para proyectar Luz
y nuestra monstruosa indecisión
cobró vida y ahora se volvió
nuestro verdugo
atándonos al miedo de amar la Cruz
y ahora nos conducimos agobiados
entre las brumas sin levantar el rostro
nuestra redención
está en el baño de la reconciliación
para reconectarnos con el Supremo Amor
para aprender desde la Luz
a amar de verdad
ya que no hay amor más verdadero
que amar hasta dar la existencia por amor
-entregarnos en sacrificio por amor-
matando al «antiamor» -egoísmo-
amándonos en un ser ajeno
amándonos dentro de la empatía
con ese ser excluido del mundo
porque la existencia es limitada
ya que está confinada al claustro
de un breve «espacio-tiempo»
mas la vida es eterna
y se gana ofrendando
nuestra caduca estadía
-trayecto en ciclo de estaciones-
hasta alcanzar la certeza
de la promisoria perpetuidad
la reconciliación nos libera
de las cadenas de nuestra impotencia
para recomponer el camino
-alejando los pasos que vagan
por las veredas de espinas-
y perdonarnos el desvío
para dejar de andar por sendas oscuras
para que pronto el sol de lo alto
vuelva a alumbrar
emergiendo desde atrás de las colinas
en un nuevo amanecer
con la exuberante floración de la esperanza
sobre los prados del alma