Me miro en el espejo de mis errores,
indiferente, sonriente, casi ausente,
viendo las consecuencias de mis actos
como quién asiste a un espectáculo,
ante los desmanes y mis horrores,
y sin dudarlo, sonrío, casi doliente,
es más sencillo asumirlo, que evitarlo,
me siento responsable que no culpable
y aun así me regodeo en mis escombros,
soy lo último que queda de mi mismo,
sin mascaras, sin farsas, ni artificios,
el culpable de mis costuras y dolores,
y, como la hiena, nada más sigo sonriendo.
Soy el zorro, carroñero vil, oportunista,
que habita en cueva ajena, miserable,
y rio, aúllo, canto, cinismo puro viviente,
no soy bueno y tampoco lo pretenderé,
soy el que soy, lo que construyeron a ser
y no pido disculpas por ello, ya no es hora,
que al menos yo no me engaño a mi mismo,
ni tengo necesidad de simular tristemente
que siento lo que no siento, sin ser quien soy.