LLUEVEN LAS HOJAS
Llueven las hojas. Llueven
cual plumaje cetrino que, como si
de una emboscada se tratase, se escuchan
caer como gotas de lumbre al piso.
Llueven las hojas. Llueven
sin aún ser Otoño, aun sin que
los árboles celebren sus apoteosis
y se vistan de orlas, esperando a sus
más entrañables amigos alados.
Llueven las hojas. Llueven
como bandadas de kamikazes
que sobre el ocaso, pintan notas musicales.
Y llueven las hojas. Llueven.