Para quienes han descubierto que el lenguaje más profundo no se habla con la boca, sino con la piel; que la verdadera geografía no está en los mapas, sino en la espalda amada que se convierte en territorio sagrado bajo las manos. Para quienes entienden que el amor, en su forma más pura, es un silencio elocuente: el roce que guía, el gemido que confirma y la quema dulce que libera el alma de toda palabra innecesaria. Que estos versos sean el testimonio de que cuando dos cuerpos se encuentran en furia y entrega, el único verbo válido es el latido compartido, y la única sintaxis, el temblor que une dos almas en un mismo fuego sin nombre.
Para ti, mi Pantera Negra.