El viejo el pasado añora,
por todo lo que ha vivido.
No importa, cuánto ha sufrido,
no importa si aún lo llora.
Y allá en el fondo valora
el fruto que en él se anida,
la racha de alguna herida
que abierta pudo sangrar
mas ella, supo regar,
la nuez que le dio la vida...
Con los años se comprende
lo que ayer no fue posible;
con los años, es factible,
pues la vida va y trasciende.
Cuando joven no se entiende
ni tampoco se valoran
cosas que, después se añoran,
cuando cae cada tarde
y en el alma se resguarde
el amor de los que moran…
Sí, ¡el amor de los que moran,
en recuerdos infinitos
que no tienen finiquitos
y unas lágrimas, se lloran!
Y los años no demoran
vienen, van y se te esfuman
y escalando, siempre suman
pues sumando, multiplican,
y la piel te lotifican
con veredas que hoy abruman.
El novato se hace viejo
mas el viejo no es novato,
con los años su relato
va cambiando por añejo.
Da sustento a su consejo
su experiencia y su reseña
que, si el joven no desdeña,
es un caldo de cultivo
que da fruto progresivo
y la vida hace halagüeña.
Todo tiene su contrario,
lo contrario, no es con todo,
porque todo tiene un modo
diferente y… ¿necesario?
El anciano mira a diario
cómo cambia cada día
la tristeza y la alegría
en banales condiciones
cuando priman emociones
con marcada fantasía...