Freddy Kalvo

AƱoranzas de la vida

El viejo el pasado añora,

por todo lo que ha vivido.

No importa, cuánto ha sufrido,

no importa si aún lo llora.

Y allá en el fondo valora

el fruto que en él se anida,

la racha de alguna herida

que abierta pudo sangrar

mas ella, supo regar,

la nuez que le dio la vida...

 

Con los años se comprende

lo que ayer no fue posible;

con los años, es factible,

pues la vida va y trasciende.

Cuando joven no se entiende

ni tampoco se valoran

cosas que, después se añoran,

cuando cae cada tarde

y en el alma se resguarde

el amor de los que moran…

 

Sí, ¡el amor de los que moran,

en recuerdos infinitos

que no tienen finiquitos

y unas lágrimas, se lloran!

Y los años no demoran

vienen, van y se te esfuman

y escalando, siempre suman

pues sumando, multiplican,

y la piel te lotifican

con veredas que hoy abruman.

 

El novato se hace viejo

mas el viejo no es novato,

con los años su relato

va cambiando por añejo.

Da sustento a su consejo

su experiencia y su reseña

que, si el joven no desdeña,

es un caldo de cultivo

que da fruto progresivo

y la vida hace halagüeña.

 

Todo tiene su contrario,

lo contrario, no es con todo,

porque todo tiene un modo

diferente y… ¿necesario?

El anciano mira a diario

cómo cambia cada día

la tristeza y la alegría

en banales condiciones

cuando priman emociones

con marcada fantasía...