Te llamé con un mar de ósculos heridos.
Toqué tu hálito con afán todos mis días.
Cómo amalgama fuerte abracé tu puerta,
entre la iridiscencia tarde y temprana.
Escuché concupiscencia vaga y muy cierta.
En un cielo despierto añorandote cómo mi amada. Pero tu finges serena que eres mi hermana.
Con risa sería pero burlesca
te encontré un día casi despierta.
Si comencé perdiendo mi alegría
Terminé ganando más valentía.