El amor no siempre llega con flores.
A veces entra descalzo, sin hacer ruido, y se sienta a tu lado como si siempre hubiera vivido allí.
No promete eternidades, pero sostiene la mirada cuando el mundo tiembla.
Es esa forma suave de decir aquel nombre que solo tú sabes y convertirlo en refugio.
Entonces entiendes: amar no es arder.
Es quedarse.
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Rafael Blanco López
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