Mis ojos, ciegos ante el mundo, aprendieron a ver tu oscuridad. Y en esa noche tuya, profunda e inmensa, me perdi con la felicidad de quien sabe que no quiere ser encontrado.
Morí.
Pero no fue una muerte triste.
Fue una explosión silenciosa, como una estrella que estalla solo para nacer más brillante.
Renací en tu respiración,en el temblor leve que dejabas en el aire.
El tiempo se rompió como cristal bajo nuestros pies. Ya no habia antes ni después, solo un infinito suspendido donde flotábamos sin tocar el suelo, casi rozando las estrellas.
Extendi la mano para alcanzarlas, pero comprendí que ellas brillaban porque tú estabas ahí.
El cielo no estaba arriba. Estaba en entre nosotros.
Y en ese instante,
lo único real,
lo unico eterno.
eras tú.