Aquí estoy
A mi niña interior.
« Es necesario tener un caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzante. »
- Así habló Zaratustra, Friedrich Nietzsche -
Durante años, décadas, en su diminuta jaula de terror y la obscuridad helada del silencio, petrificado e impotente, el dolor se ocultó del mundo amnésico, aunque vivo.
Se ocultó y se encerró, fingiendo no existir, borrando hasta las huellas, en el desierto de su propia sombra.
Y alrededor, la vida enfrascada en su ruido ensordecedor, al no oír su nombre, lo olvidó.
Durante años, décadas.
Hasta la ruptura estrepitosa del dique ya fisurado.
Un torrente arrollador se volcó entonces sobre el mundo vulnerado y observando, desde el borde, los escombros desparramados que se los llevaba la corriente.
Y apareció, flotando en medio del caos, una imagen tan pequeña como un sello, pegado al olvido, el rostro de una niña aterrorizada.
Así se despertó mi memoria, hasta entonces sepultada. Así me reconocí, en los ojos perdidos de la niña. Y sentí dentro de mí el quiebre tan profundo, tan violento, tan vivo.
Niña, te lo prometo, te lo juro, te voy a buscar, te voy a hallar, y te llevaré al mundo de los vivos.
Atravesaré las sombras y nadaré en las aguas turbias de la llaga. Me sumergiré en el gemido de la herida.
Y desde allí ascenderé hasta la cumbre de mi promesa, desde donde te conduciré a la luz.
Ya no estás sola, mi niña. Enfrenté los espectros del infierno por ti.
Aquí estoy.
Tómame de la mano y ven conmigo. La pesadilla se acabó, ven.
Perdoname por haberte abandonado durante tanto tiempo sin querer, creía que la amnesia me ayudaría a vivir.
El dique ya está roto, así que ya no necesito oponerme a lo que rugía y amenazaba con estallar en mí.
Desde ahora, siempre te acompañaré, te cuidaré, te protegeré, te amaré. Nunca te dejaré, nunca más.
Puedes, sin miedo, volver a ser lo que eras antes de que fulminasen tu pureza: una estrellita tan libre y luminosa.
Ven conmigo, niña, te necesito. Tienes tanto que enseñarme.