Luis Erick de Jesús Ávila

Prohibido enamorarse.

Prohibido enamorarse:

en verano, en invierno o en otoño.

O en cualquier estación del año.

 

Enamorarse es lo más bello...

lo es, cuando es de la persona correcta.

Cuando uno se enamora,

las cuadrillas del tiempo salen sobrando.

Aunque el corazón esté herido,

a pesar de todo... sigue amando.

 

Yo conocí a una persona

que estaba enamorada.

Ella quedó desilusionada.

Juró no enamorarse otra vez,

porque se sintió humillada.

 

Aquella dama, lloraba...

lloraba su tristeza.

Su llanto no cesaba

hasta que, llegó un hombre.

 

Aquel caballero

sus lágrimas secó.

Ella se aconchó a su pecho

y se quedó dormida,

solo por un instante.

 

Él, suavemente, le dijo:

—No vale la pena llorar.

Al decir esas palabras,

ella despertó,

y lo empezó a besar.

 

Con ese gesto, la mujer...

le quiso dar a entender,

que estaba equivocada.

 

Ambos individuos se miraron.

Poco a poco, sus labios juntaron,

y de nuevo... se besaron.

 

Esta historia es tan bella,

que ahora... viene la gran realidad.

 

La hermosa mujer

estaba comprometida.

Aparte de ser bella, era rica.

 

El novio: de su misma clase.

Por delante la trataba bien.

Mientras que por la espalda:

totalmente la despreciaba.

 

Ella estaba enamorada,

pero él no la amaba:

la quería por su dinero.

Nunca le demostró

un amor sincero.

 

Hubo un día

que todo se descubrió.

Al enterarse la mujer...

deshizo el compromiso.

 

La mentira del hombre

se hundió en el olvido.

Suplicando e implorando,

a su novia le dijo:

—Escúchame, te lo pido.

Ella estaba destrozada,

a lo cual contestó:

—¿Dónde quedaron esas promesas?

Recapacitando el tipo

se dió cuenta de su error.

 

La hermosa mujer

agonizaba en llanto.

En eso, entró a un café...

y ahí vio a un poeta declamando.

Ella se sentó a escuchar las poesías.

Terminando el individuo

se le acercó a la mujer

y con tono bajo le dijo:

—¿A qué vino?

 

La chica conversó con el hombre:

le contó su momento.

Él, la escuchaba.

Sin hablar la mujer...

se dio cuenta de lo que quería hacer.

 

Aquel poeta la invitó a cenar.

A lo cual, la mujer aceptó

con cierta condición.

 

Llega la noche, y él se portó

como todo un caballero.

 

La mujer, extrañada,

cuestiona al tipo.

a lo cual éste le cuenta su vida:

paso a paso, fecha por fecha.

 

Él no era ni la mitad

de sus antiguos novios.

Sólo era un humilde poeta,

que tuvo suerte,

en que ella apareciera.

 

Disculpándose la mujer

por sus especulaciones.

Lo empezó a querer.

 

Empezaron a salir y con un tiempo...

ella le habló de dar otro paso.

 

Antes de dar ese paso,

el poeta la sorprendió:

velas, flores, poesías...

...y una cena exquisita.

La mujer quedó sorprendida,

a lo cual algremente le dijo:

—No te preocupes por lo que pase.

Luego de eso hicieron el amor.

 

Pasaron esa noche como la última.

Al amanecer, la bella mujer...

comenzó a vestirse.

El tipo se levanta y se viste.

 

Ambos sonríen.

Están felices de haberse visto y conocido.

Jamás volverán a verse.

Mucho menos a besarse.

A lo cual ambos dicen:

—Queda prohibido enamorarse.

 

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Marco Díaz.

Villahermosa, Tabasco; México.

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