APRENDER A ESPERAR
Llovía silencio en mi pecho cansado,
los días pesaban como un adiós.
Caminé entre sombras, lento y quebrado,
creyendo perdido todo color.
Pero el sol volvió sin hacer ruido,
me enseñó que esperar también es vivir,
y entendí, al fin, que no estaba perdido:
la tristeza también sabe partir.
© Corazón Bardo