Todas las noches de mi vida
he andado en peregrinaje
entre pliegues y fallas.
Siempre esquivando,
con engaños y fortuna,
a las fuerzas tectónicas
que destrozan los sueños
y nos matan.
No lo hago por deporte.
Tengo la urgencia
de volver a construirme
un día tras otro día,
con escombros y derribos,
usados y desechados.
Andaba seleccionando
piezas para el alma
entre los despojos
de perros, hombres y ranas.
Cuando de pronto lo noté.
La presencia del acero
que saja y saca.
Volví al vacío del todo.
A la nada en las palabras.
—Me quedo con la pieza que me falta.
Desángrate, si puedes.
A la muerte se va mejor sin nada.