Sí soy feliz, como dicen las cuentas.
Al no sentir hambre
no estar medicado
sin hipoteca ni préstamos.
Sí, soy tan feliz como para pasar más de 4 horas viendo la cordillera, sin que los problemas toquen a mi puerta...
¿Por qué siento que se me escapa el tiempo sentado en una banca?
Si soy tan feliz, ¿por qué la ansiedad me cubre el cerebro?
La tranquilidad, después de un tiempo extremadamente corto, termina dejándome esta sensación de mentira, como culpable después del peyote o los primeros 10 minutos de un motel.
¿Llegaré alguna vez a reconocer la verdadera felicidad antes del último día?