Estoy empezando a darle más valor a tu ausencia.
A ese silencio infinito que me da paz.
A esa invisibilidad de tu existencia.
Al frío que ocupa tu espacio.
Y sabes...
¡Se siente bien!
No me entristece, ni me duele.
No me lastima, ni me hace necesitarte.
Creo que llegó el olvido.
Y hoy, por fin lo comprobé.
Soy y siempre he sido suficiente, inteligente,
capaz y fuerte.
Y lo más importante:
aún hay tanto amor en mi interior.
Amor que me pienso dar
sin reservas,
sin límites,
sin miedo.
Me abrazaré tan fuerte como si me aferrara a la vida,
como si de verdad quisiera vivir.
Como siempre debió ser.
Y no permitiré que nada, ni nadie apague de nuevo
la llama que habita en mí.