Hermosos versos se mecen
al ritmo de tus caderas,
traté de bailar con ellos
pero ya tenían pareja.
Bellas poesías crecen
entremedias de tus piernas,
pero no pude leerlas
porque perdí la inocencia.
Un niño debo volverme
para llegar a tu puerta,
sólo así podré lograr
que la dejes entreabierta.