Es buscar en la esquina las risas de mi niñez, y ver que el tiempo borró la huella de lo que fue. Éramos uña y mugre, un solo grito en la calle, y hoy no sé ni dónde habitan, ni qué vida les talle.
Brindo por los recuerdos y también por la decepción, por los que crecieron conmigo y me pagaron con traición. Comimos del mismo plato, juramos lealtad eterna, y me dieron la espalda cuando temblaron las piernas.
Y va un trago al piso por los que la vida me quitó, esos hermanos de calle que la muerte arrebató. Hoy son ángeles que cuidan mis recuerdos más hermosos, compañeros de batallas y de tiempos gloriosos.
Pero me quedo con los pocos que aguantaron el chaparrón, los que no llevan mi sangre pero habitan mi corazón. Esos son más que amigos, son hermanos de la vida, ¡los que prestan el pellejo pa\' coserme cada herida!