EL DOLOR VA POR DENTRO
Frente al espejo no hay máscaras, solo un hombre y su sombra abrazándose en silencio.
La luz cae fría sobre los hombros, pero el peso no está en la piel, está más hondo, donde nadie mira.
Los ojos sostienen la tormenta como quien aprende a no llorar para que el mundo no pregunte.
La boca calla, pero el pecho grita con un eco que rebota en paredes que no responden.
El teléfono captura la imagen, congela el instante,
pero no alcanza a enfocar la grieta invisible que cruza el alma.
Hay batallas que no dejan cicatrices afuera, hay heridas que no sangran a la vista.
El dolor va por dentro, camina despacio, se sienta a la mesa, duerme en el lado más oscuro del corazón.
Y aun así, de pie, mirándose sin huir, hay algo que resiste.
Porque aunque el dolor vaya por dentro, también por dentro late la fuerza que todavía no se rinde.