Mari.o

EL MONTE

ADVERTENCIA

Me siento tripulando una nave interestelar, no se sí navegando, flotando o volando a la velocidad de la luz en medio de un fractal fotonico plagado de orbs. 

Veo, yo miro los fotones a lo largo de cientos de años luz que se comprimen. Veo mis manos alargarse, mi cuerpo comienza a estirarse como aquellos fotones. Me siento tan ligero que ya ni mi cuerpo siento. Solo es mi mente que sigue viajando a través de los cuasares y pulsares como un viaje sin fin. 

***

Claridad de mente, porque quien realmente siente. Quien se atreve a sentir de verdad: realmente vive. Entre la existencia y la vida: los pájaros vuelan.

 

EL MONTE


Dentro del umbral, se escuchaban
los gallos en galicinio. Agaves y cactus
como pulpos gigantes, extendían sus enormes brazos dándome la bienvenida. 

El suelo era arcilloso, y el cielo
se extendía en un imponente
zafiro glauco. A ratos llovían las
ágatas y lapislázulis afirmandose
como la patria más azulada, 
¡la más invernal! 

Llegando al recinto, orlas de abanicos orientales —colgados como si de una fiesta
mexicana se tratase— se abrían majestuosos cuales colas de pavos reales. 

Y los cuervos blancos, de plumas
que tienen el brillo de las perlas
que nunca vieron el Sol.
Volaron por todas partes
anunciando el presagio:
[...] 

De esta suerte, entro al domicilio 
que me ha preparado el astral, y, 
custodiado por enormes
felinos plateados, me asomo 
a la ventana que refleja una luz 
púrpura de terciopelo. 

Mi cuerpo comienza a flotar. 
Se eleva como pluma en el aire. 
Me voy perdiendo como papalote sin carrete.
[...] 

Parado frente a una puerta vieja, 
ingreso a una morada 
que me es familiar. 
Todo a su alrededor 
es de un áureo numinoso ínclito. 

Imagino una manzana, 
tan fresca y madura 
que a mi mano cae. 
La muerdo y contemplo 
desde esta cima: 

a una aldea de montañas levitantes. Meditantes como ascetas
que me miran con su ojo frontal 
mientras me disuelvo en la indisoluble 
unión de la conciencia.