Era divina y preciosa
siempre de seda vestida;
cuya pasión desmedida
era de ninfa fogosa.
Tierna, sensual y mimosa,
siempre de amor encendida;
¡Era divina y preciosa
siempre de seda vestida!
Era del fuego la diosa,
siendo la tea encendida
donde fundiera mi vida;
¡porque su estampa gloriosa
era divina y preciosa!
Autor: Aníbal Rodríguez.