A mi hermana María
Hay un sollozo que no termina de nacer
y vive agazapado en mi pecho,
como un animal que teme la luz
y aun así la busca.
A veces creo que si llorara todo
me quedaría en silencio, vacía,
y el mundo sería apenas un rumor lejano,
un tren que pasa sin detenerse.
Desde que te fuiste,
mis manos no saben bien qué hacer:
te buscan en las costuras del día,
en la taza tibia de la mañana,
en la risa que llega tarde
y ya no encuentra respuesta.
Ahora sin ti, camino a tientas,
con tu nombre como lámpara.
Y sin embargo sé
que volveremos a encontrarnos
en algún campo imposible,
donde el trigo susurra y el aire huele a flor recién nacida.
Allí ya no habrá duelo,
solo dos niñas corriendo descalzas.