Es entrar a la casa y chocar con el frío de tu silla vacía, es buscar tu mirada y encontrar solo la melancolía. Es el eco de tu voz que de pronto se apaga en el pasillo, un silencio de plomo que se clava en el pecho como un cuchillo.
Es un nudo de alambre que me asfixia la memoria, saber que ya eres luz, que ya pasaste a la gloria. Pero aquí abajo duele, la sangre pesa y me arrastra, porque el tiempo no cura, solo esconde el dolor que devasta.
Me dejaste el alma rota, la existencia a la mitad, y un altar de recuerdos en medio de esta inmensa soledad. Te lloro en silencio, te llevo en mis pasos y en mi herida, porque nadie te enseña a arrancarte un pedazo de la vida