Mis palabras callaron frente al ruido del
mundo,
Sentí la intensidad del peso de aquella pena que me consumía,
Mis ojos como nubes cargadas, palpitaban acelerados buscando una fuerza inexistente que ahuyentara la vergüenza… de llorar.
Y no dije nada, solo ande por calles muy oscuros como buscando un silencio mas profundo que mis lamentos mudos… ahogados.
Tengo un nombre escrito en mi frente, y aun así no me reconozco a mi mismo, siento que me he extraviado y no puedo hallar el camino de regreso a una casa que no es mía.
Esta noche no hay brisa, ni hay frío de verano porteño, esta noche es apabullante y cómplice de las culpas y los desvaríos.
Tengo mi alma y el corazón partidos en diferentes direcciones, más en ninguna de ellas puedo hallarme, y mis penas se ahondan como busto de mármol echado en el océano de la oscuridad.
Hoy más que ayer, pero menos que mañana, mis cargas han crecido sin medida que las detenga, y mi cuerpo se ha cansado junto al aliento de mi alma… y he caído arrodillado sin aparente fuerza que me levante.
Me he cruzado con muchas miradas y a todas les he sonreído, a cada una de ellas les devolví el saludo… y pretendí esconder mis lágrimas, pero… mi alma se había caído, dolida, extraviada, abandonada de toda caricia.
Hay un vacío en mi que no se calla, es de esos silencios que ni siquiera han marcado la fuente de las palabras, más han sido escritas con las gotas de mis lágrimas, palabras blancas, o transparentes… que no dicen nada.
Hoy no hay brisa sobre mi rostro ni frío viento que me tiritara… hoy solo hay lágrimas… escondidas en mi Alma.