Es testigo del llanto y el dolor
Infaltable aurora alegre de la brisa
Murmurada melancolía parida
Sin saber cual es el pétalo del nacer.
No es tributaria de la belleza
Es señal y vibración de ella
Unida al andar natural
De la vida, la existencia y el ser.
Autenticidad detallando lo viviente
Sin indagar donde está la raíz del todo
Los amorosos la ofrecen al doliente
Humanidad llorando su desventura
Exorcizando en soledad su tristeza.
La flor no habla ni valida su hermosura
No atormenta ni angustia
No busca nada callando su presencia
Es sugerencia al arco iris de las emociones
A la ternura atesorada de los afectos.
Eco omnipotente del silencio
Como un cuerpo que se desliza
Entre las sombras de la noche
Caricia furtiva sin arrepentimiento
Frente al océano de la pesadumbre.
Libre silbido de los que ven y siente
El misterio en los senderos del bosque
Acariciando al viento para no rendirse
Ante la ausencia, indiferencia y el olvido.
Besa la lluvia sin tener labios
Colorida estética de la creación
Desafía perfumando lo viviente
Calmando el deseo de saborear
Las banalidades de la convivencia.
No tiene distancia entre germinar y morir
Bella fragilidad, generosa brevedad
Intensidad pura del amor, efímera lagrima
Lealtad y fidelidad al nuevo fruto
Sinfonía de la paz sin esclavizar al tiempo.
EH