R.

Desvanece

Cuando el día desvanece

Coincidieron cuando el día desvanecía,

cuando el sol le concede a los girasoles

el permiso de seguir alumbrando

lo poco que queda del día.

La percepción se vuelve tibia,

un instante cálido,

algo inefable,

esa zona segura que juré perdida

y que vuelve sin pedir explicaciones.

Adentro, una batalla constante:

el corazón queriendo quedarse

mirando la esplendidez de los girasoles,

la mente intentando no rendirse

ante una belleza que desarma.

Uno empuja, el otro duda,

y en medio quedo yo,

aprendiendo que estamos aquí

para vivir cada instante

como si fuera único,

como si fuera eterno,

como si fuera lo mejor jamás creado.

Y todo ocurre ahí,

en ese preciso borde del tiempo,

justo

cuando el día

desvanece.