el silencio antiguo del vacío profundo,
flotaba solitario un mundo sin segundo.
No era fuego brillante ni hielo que provoca,
era polvo y memoria: lo llamaban Roca.
Roca no tenía mares cantando en la orilla,
ni bosques verdes danzando bajo la brisa sencilla.
Su piel era dura, de grietas y sombra,
cicatrices del tiempo que nada nombra.
Viajaba sin prisa alrededor de su estrella,
con un orgullo callado que nadie atropella.
Mientras otros planetas brillaban con gloria,
Roca guardaba secretos de oscura historia.
En su pecho guardaba metales dormidos,
ecos de mundos viejos ya desvanecidos.
Cada cráter profundo era una herida abierta,
de guerras celestes en su órbita incierta.
Pero Roca no envidiaba al azul ni al dorado,
ni al gigante cubierto de gas inflado.
Sabía que incluso la piedra callada
sostiene la vida cuando es transformada.
“Soy firme”, decía al vacío infinito,
“aunque nadie escuche mi eterno granito.
Tal vez hoy soy polvo, silencio y choque,
pero mañana seré suelo… y brote.”
Y así el planeta Roca siguió su camino,
sin aplauso, sin nombre divino.
Porque incluso la piedra que nadie invoca,
puede ser cuna de luz…
cuando despierta la Roca. ✨