Línea Gris

La Cena para Dos... Fantasmas

7 de febrero 

 

(Casa antigua. Comedor. Una pareja joven termina de cenar. Él, treinta años. Ella, veintiocho. Reloj de pared: 6:58 PM)

 

ÉL:

¿Segura que fue aquí? A las siete en punto.

 

ELLA:

No es \"fue\". Es \"es\". Todas las noches. Como teatro. Pero ellos no saben que los vemos.

 

(Él se ríe. Ella no. El reloj da las siete campanadas)

 

TIC-TAC. TIC-TAC. TIC-TAC. TIC-TAC. TIC-TAC. TIC-TAC. DONG.

 

(El aire se enfría. Las sombras se alargan. Y de la nada, en las sillas vacías, DOS. Él, traje impecable, pelo engominado. Ella, vestido de flores, collar de perlas. Sonríen. Se miran. Cenan en silencio)

 

ÉL (susurrando):

No me digas que no ves...

 

ELLA:

Los veo. Como ayer. Como anteayer. Pero... ¿notas algo diferente?

 

ÉL:

Diferente... ¿cómo?

 

ELLA:

Mira sus manos. Ayer tenían piel. Hoy... hoy tienen manchas. Y el traje de él... ¿no está más... sucio?

 

(Ella señala. Él mira. Los fantasmas cenan. Pero sus rostros ya no son los de la primera noche. Están más pálidos. Más hundidos. Más... muertos)

 

EL FANTASMA (sin dejar de masticar, sin mirarlos, pero su voz llega):

Siete.

 

ELLA:

(Sobresaltada)

¿Ha... hablado?

 

ÉL:

No han movido los labios. Fue... fue dentro de mi cabeza.

 

LA FANTASMA (mujer, misma voz interna):

Siete noches llevan mirándonos. Siete noches llevamos cenando. Y ustedes sin invitarnos.

 

EL FANTASMA:

La educación se pierde. En nuestros tiempos, cuando alguien cenaba en tu casa, lo invitabas a quedarse.

 

ELLA:

¿In... invitarlos? ¡Si son ustedes los que aparecen!

 

LA FANTASMA:

Aparecemos porque ésta fue nuestra casa. Nuestro comedor. Nuestra mesa. Ustedes son los invitados. Los no anunciados. Los que cenan donde nosotros cenábamos.

 

(Los fantasmas, por primera vez, giran el cuello. La miran. Directo. Sus ojos son pozos negros. Sus sonrisas, demasiado anchas)

 

EL FANTASMA:

Pero ya casi es el catorce.

 

ÉL:

¿Qué pasa el catorce?

 

LA FANTASMA:

(Dejando el tenedor. El tenedor atraviesa el plato. Atraviesa la mesa. Cae al suelo. No hace ruido)

El catorce es nuestro aniversario. Bodas de... ¿cómo se dice cuando llevas muerto sesenta años?

 

EL FANTASMA:

Bodas de podredumbre.

 

(Ambos ríen. Una risa que no sale de sus bocas. Que vibra en los huesos de la pareja)

 

ELLA:

Queremos que se vayan. Esta es nuestra casa ahora.

 

LA FANTASMA:

(Levantándose. Por primera vez, se levanta. Su vestido, antes impecable, ahora cuelga harapiento. Su carne cuelga en tiras)

¿Su casa? No, querida. Su casa es donde viven. Esto... esto es donde mueren.

 

(El fantasma también se levanta. El traje, ahora, es un sudario. La corbata, una soga)

 

EL FANTASMA:

El catorce nos levantaremos de esta mesa. Y cuando lo hagamos, no será para irnos. Será para... quedarnos.

 

ELLA:

¿Quedarse cómo?

 

LA FANTASMA:

(Acercándose. Su rostro podrido a centímetros del rostro de ella. Hiede a tierra húmeda. A ataúd)

Ocupando sus sillas. Durmiendo en su cama. Besándose con sus labios. Ustedes se irán. Nosotros volveremos. A vivir. A través de ustedes.

 

ÉL:

(Levantándose, interponiéndose)

¡Aléjate de ella!

 

EL FANTASMA:

(Tocando el hombro de él. Sus dedos son hueso. Atraviesan la tela. Atraviesan la piel. Llegan al músculo. No duelen. Congelan)

Tranquilo, joven. Aún es día siete. Les queda una semana. Una semana para disfrutar su casa. Su cama. Su calor. Luego...

 

(Ambos fantasmas retroceden. Se sientan. Vuelven a ser las figuras inmóviles de siempre. Pero ya no sonríen. Ahora miran fijo. Esperan)

 

LA FANTASMA (susurro):

Siete. Siete días para el catorce. Siete días para la cena final.

 

(El reloj da las ocho. Ellos desaparecen. La pareja queda temblando. En la mesa de los fantasmas, dos platos vacíos. En el suelo, el tenedor que cayó. Lo recogen. Está caliente. Como recién usado. Como si alguien hubiera cenado con él hacía un minuto. Como si alguien fuera a usarlo pronto. Para algo que no es comida)

 

ELLA:

¿Qué hacemos?

 

ÉL:

(Mirando el tenedor. Viendo su reflejo en el metal. Su reflejo sonríe. Él no)

Esperar. O irnos. Pero algo me dice... que no podemos irnos. Que ya estamos... en su mesa.

 

(En la cocina, la alacena. Una vajilla antigua. Jarras. Platos. Y siete velas. Siete. Como los días que quedan. Como los fantasmas que esperan. Como las cenas que faltan)