IAEM

JUICIO SURREALISTA

Hombres humillados por mujeres que no valoran; mujeres alegres que ponen precio por hora; niños experimentando con revólver y pistolas; artistas ilustrando con pinceladas el camino hacia mejores auras a altas horas. Creer en el oficio, en su lengua hermético, en frases categóricas; en graduarme con hambre de victoria, son cosas que apasionan, sin dar lástima, más bien gracias por los favores; sigan siendo como son, motivan mi don, el don que, sin maldición, sería uno más del montón. Hombre de vanguardia sin dictaduras visibles, mis palabras son divorcios de mutuo acuerdo con mi yo impredecible. Cómo ser el mejor sin competir es ganarse la medalla por alguien que no quiso ir. Es dictadura sin democracia, realeza sin atributos; cómo sordo sin escuchar su eructo, cómo docente en represalias con alumno. Le llaman mal ejemplo cuándo la rebeldía es el pecado de la opresión. Cristiano, sendero de la salvación; prefiero irme al infierno para no encontrarme con los cristianos devotos de su devoción. Predicando palabras, palabras que manifiestan infección, son el saco roto; y en aquel saco incluyo a quienes afirmaron que los aborígenes americanos eran animales, y que el combustible era humano, y que las metrópolis crecieron gracias a ellos; digo ellos, porque mis rasgos no me acompañan, ¿será por mis raíces romanas? Soy adicto a la guerra, maldito con débiles que se aterran y aferran a no soltar. Les aconsejo bailar, reír, cantar; y si gustan de malos tratos, les propongo redactar e incursionar en este excelso manjar. Es fácil, lo difícil es empezar, armar, manifestar; mi interés es la crítica económica política, o puede que lo tuyo sea la sátira, ética; debes pulirla, enterrarla, luego manifestarla y ver a quién le pueda gustar. Tengo el derecho de pensar, de ilustrar, de imaginar un mundo donde pueda encajar, pero, a fin y acabo, del sueño sueles despertar.