Aromas del paso del tiempo con prisa
que en su piel se habían
impregnado
en aquellos nuestros encuentros secretos.
Y en esas madrugadas me abracé
a su voz y en sus ecos de fuego.
Entonces la noche también amó en su cielo.
Aun así, eran infinitos los instantes
y los versos viajaban en la brisa,
que a otras plumas besaban.
Ya no hicieron falta las palabras
porque nos acariciábamos
con la piel de nuestra alma.
Poemas de Pepita Fernández
Córdoba-Argentina
20/02/26