Carlos Rojas Sifuentes

Los caminos de la tierra

Ayer te fuiste, recorriendo la ruta
que antes te enseñaron tus ancestros,
cuando la tierra solo acababa en el mar
o era cortada por algún río, una laguna,
una alta montaña entre las nubes,
que a pesar siempre te dejaban pasar,
mostrándote sus tibios pliegues o
sosteniendo tu denodado ímpetu.

Ayer llegaste y como siempre nadie
te recibió cuando bajaste de tu nube.
Pudiste ignorar el miedo y el hambre,
Pudiste ignorar la soledad y el frío,
Pudiste ignorar la tristeza de no ser
alguien, en un país de don nadies, aquellos
que olvidaron la tierra de sus ancestros
y los nombres con que llegaron aquí.

Hoy te dijeron esas primeras palabras
que brotan de la pesadilla de los imbéciles,
que buscan quitar la piel a tus sueños,
que hieren aún más que la indiferencia,
que buscan en el viento diferencias,
que te quieren extranjero indeseable.
Y no pudiste ignorar lo inevitable:
que la humanidad parece una quimera.

Hoy no sabes qué futuro te espera.
La tierra ya no es una misma esfera,
la humanidad no ha llegado a serlo
y el miedo ha cercado los caminos.
Muchas voces gritan al mismo tiempo
lo que les viene de una gran turbación,
y hay quienes sacan provecho del odio
y hay quienes tienen que masticarlo a diario.

Mañana, tal vez no haya un mañana, pues
cuanto más queremos salir de nuestra tierra,
más idiotas hay que nos quieren ver encerrados.
Y salimos no solo porque a diario nos agrede
aquella que debiera abrazarnos con calidez,
sino porque, afortunadamente seguimos creyendo
que toda la tierra nos pertenece, sobre todo
aquella que, gracias a nuestra miseria es más feliz.