Voy buscando entre las primigenias enseñanzas del aquel Dios,
que me acompaña desde antes de nacer.
Vivo desprendido del árbol de la vida
por una opción de los astros que guían mi andar
sin los prejuicios del tiempo.
Soy y no soy,
los caminos me andan
y el horizonte otea los barcos adheridos a mi alma
en el otoño que muerde la caída de los años.
Tengo una habitación que, está llena de objetos
que templan en silencio las metáforas de los días que nacen.
Llevo una investidura de poeta marchito por el invierno,
pero soy el que soy,
desde que las estrellas coparon mi tiempo.
El invierno trazó su manto de lluvia sobre mi ser,
sin preguntar si estaba guarecido
en los paraguas de los destinos inciertos.
Provengo de los verbos
que se escupen en las delirantes páginas
que albergan algo de mí.