Bajo un aguacero descubrí un día
Lo difícil que fue, entonces,
Sacar mis propias
Palabras del
Lugar
Mismo de las palabras.
Este hecho, basado en una realidad viva, la mía, ocurrió cuando yo tenía apenas 14 años; aquella tarde llovía a mares y de improviso me vi en un descampado sólo y con un mar de lluvia que me ahogaba. La totalidad de las palabras que hoy uso ya estaban sembradas en aquel campo, en aquella tierra desierta y sin horizonte visible a la vista, allí estaban pero yo no las había descubierto aún; fue allí, en aquel momento y donde sin saberlo, quizás, llegó la luz de la necesidad, de la razón, de la mirada y seguro, también, de la cordura. Fue entonces cuando empecé a escribir, cuando descubrí que durante un tiempo y a pesar de mis pocos años de vida me había dejado atrapar por el miedo, por todos los miedos pero más aún por la duda, entonces, de qué hacer con aquellos pensamientos. Recuerdo: al día siguiente comencé a preguntarme quiénes eran las personas que estaban a mi derredor, de dónde venían, quiénes eran quién era yo mismo, por qué todos aquellos miedos existentes; quizás fue que nos negaron la memoria, la mirada de unos hechos que habían ocurrido antes, que llevaban años e incluso siglos sucediendo, o quizás, también, que se nos escapó la magia del valor y no supimos atraparlo entonces. De y desde aquellos años todo, en mí, ha sido y sigue siendo memoria buscada, recuperada y retenida en el hoy en el que la guardo. Tengo una meta irrenunciable: Soltar y desamarrar los espacios que de la memoria tengo, toda, antes de que el tiempo me la esconda definitivamente.