El fantasma andaba
y su voz nunca alzaba.
Iba de Istambul hacia Ankara
y el amor mataba.
En el desierto encontró una flor,
la veía y le causaba amor y dolor.
Todos los días la veía
pero sabía que ella nunca le hablaría.
Millones de flores veía,
pero por esa rosa amor sentía.
Todos los días el fantasma imaginaba
cómo sería su vida si ella lo amara.
Él pasaba todos los días por Ankara
pero la rosa nunca le vio la cara.
¡Ay pobre alma errante!
El era alma odiada,
olvidada y despreciada.
Ella, rosa de blanca de hermosos pétalos
hasta los ángeles con ella eran hermanos.
El fantasma le escribía poemas que nunca llegaban.
Pero en su mente todo si funcionaba
¡Ay pobre alma errante!
Faltaban meses para el invierno,
la rosa se iría y no regresaría.
Pero alma temerosa era
que no le dijo lo que sentía
Despertó en la realidad,
se dio cuenta que juntos no iban a estar.
La pobre alma errante
oscura se fue poniendo.
Nunca le habló a la rosa
y ahora su alma se destroza.
Poco a poco desapareció
y la rosa nunca lo conoció…
Hasta luego, rosa de pétalos blancos…