Para quienes han sabido que la noche no es ausencia, sino templo; y que el cuerpo amado no es refugio, sino altar. Para quienes desean ser ofrenda, naufragar en la sombra palpitante y encontrar su voz allí donde la piel se vuelve verbo sagrado. Porque el amor, cuando es verdadero, convierte el roce en rito, el beso en sello de un cosmos que se derriba y el jardín de la amada en el cielo propio que cada alma merece habitar.
Para ti, mi Pantera Negra.