En la vida ajena
a lo lejos se escuchan
las algaradas,
sucios estafadores,
es la hora de repartir el botín
de un mundo en llamas
robado a los indigentes.
Consagrado e íntegro,
atento a las profecías y los ritos
en el santuario,
un poeta enigmático,
con un diálogo íntegro,
sin desdeñar los hechos
de los sueños fatigados,
pasea junto a los caballeros
con trajes de pasarela
y damas de tacones altos
que cincelan la hermosura
de la aristocrática burguesía.