Israel Rocafuerte

La despedida de un corazón cansado

Casi tres años sostuvimos el hilo,
entre altos y bajos, entre risas y silencios,
pero el tiempo no perdona las grietas,
y mis errores se hicieron más visibles que mis aciertos.

Fui yo quien dejó sombras en tu mirada,
quien contaminó con mis fallas la ternura,
quien convirtió la confianza en un cristal frágil
que se rompió con cada inseguridad.

Tus manos se cansaron de sostenerme,
tu corazón se agotó de esperar,
y aunque el amor aún ardía en mí,
la herida de mis tropiezos apagó tu fe.

Hoy siento la pérdida inminente,
como un reloj que marca el final,
como un río que se aleja de su cauce
dejando atrás la tierra seca de lo que fuimos.

No fuiste tú, fui yo,
fue mi vida rota la que te arrastró,
fue mi incapacidad de sanar mis tormentas
la que convirtió nuestro refugio en un campo de dudas.

Ahora me queda el eco de tu partida,
el vacío de un corazón que amé y que se fue,
y la certeza amarga de que los errores cansan,
de que el amor no basta cuando la confianza muere.