Por ti, por tus ojitos,
me encuentro frente a ti,
dejando de ser yo en ratitos,
para ser solo un ser para ti.
Afuera dejo mis querencias,
renuncio a recuerdos de amor;
me visto de sonrisas y paciencias,
me abrigo con mi mejor humor.
Ojitos! No te equivoques,
que no es reproche lo que digo;
orgullo en tu ser provoque
mi obra te hará testigo.
Pues aunque el trabajo es duro
y la paga en moneda helada,
el verdadero sueldo es seguro
el brillo en tu mirada.
Escuchando el “ahhhh”
al responder tu pregunta
o ese “así nomas era?”
al resolver un problema.
Mi remuneración es que te alejes
con la alegría del saber adquirido,
que en tu actuar y pasos reflejes
el legado humilde que te he ofrecido
Otros ojitos hoy deciden,
Reiterar tu misma osadía
y aunque los tuyos me olviden,
quedan en mi… y en esta poesía.
Silvana Ibáñez
17/08/25
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