La Obra Maestra
Dios eligió hacerme mujer,
en su taller de nubes y arcilla fina modeló mi silueta,
con el barro de la luna llena dibujó mis caderas,
y con el viento de la tarde dio forma a mi cintura.
En sus manos puso el sol para dorar mi piel morena,
con el canto de las aves construyó mi voz tranquila,
tejió mi cabello con hebras de la noche estrellada,
y plantó en mi pecho dos colinas de seda callada.
Modeló la cueva tibia donde habita la ternura,
la gruta misteriosa que guarda el pulso de la vida,
el valle donde crecen las hierbas de la caricia,
la fuente que brota cuando el amor la necesita.
Añadió a mi alma la madera de los árboles viejos,
la savia que despierta cuando la primavera avisa,
la fuerza de los ríos que horadan la piedra dura,
la paciencia de la tierra que espera bajo la brisa.
Eligió para mis manos la suavidad de la seda,
para mis pies la danza de las olas en la orilla,
para mi espalda el arco que sostiene los cielos,
para mi vientre el nido que acuna la vida nueva.
Me regaló un corazón con puertas de par en par,
un laberinto de sueños sin llave ni cerradura,
un jardín donde habitan todas las flores del mundo,
un incendio que quema sin llama y sin quemadura.
Cuando todo estuvo listo, sopló su aliento en mi barro,
puso en mis ojos el brillo de su propia luz primera,
y al verme completa, dijo con su voz de trueno antiguo:
«Esta es mi obra maestra, la que lleva mi bandera».
Hoy camino por la vida con mi mapa de curvas suaves,
con mi historia escrita en la piel de cada primavera,
con el orgullo de ser su creación más amada,
con la certeza eterna de que Dios eligió hacerme mujer.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Noviembre, 2023.