Han atravesado montañas rusas,
tormentas y tempestades.
Han caminado por sendas empedradas,
y con más de algun obstáculo,
y aun así
han seguido avanzando.
Han contemplado un cielo
que no les fue dado,
sino forjado
con sus propias manos.
Ahora caminan firmes,
con rumbo fijo;
viven tiempos de calma,
merecidos y ganados.
Y más allá del don de la salud,
no olvidan que la calma
no es bendición de los dioses,
sino algo que se trabaja
y que, día a día, se conquista, se disfruta y se da.
Son amigos de siempre, y siguen caminando.