Nada hay en mí tan cierto,
como el sentir que me rondas pero no te veo...
¿Esto es un juego?
Pues bien, estoy dispuesto a jugarlo,
aunque tenga miedo,
porque ni te escucho ni te presencio...
Y te voy rastreando,
con mucho temor a lo inesperado e imprevisto,
con indefinido empeño...
Y al borde del espanto,
sin ningún maquillaje encontré al frío silencio,
que me ofrece un sepulcro...