¿Si yo te he querido,
por qué me lastimas?
¿Por qué cuando paso
los ojos desvías
como si no oyeras
que mi alma perdida
se quiebra en tu orilla?
¿Por qué no te apiadas
de mí, si te quiero?
¿Por qué me arrebatas
la tierra y el cielo?
¿Acaso no ves
la herida que llevo
del pecho hasta el cuello?
¡Son trescientas rosas
que cubren mi faja!