Alek Hine

DE PROPORCIONES IMPONENETES

La escala del Cosmos

es verdaderamente

sobrecogedora,

nuestra imaginación

se marea y se pierde

tratando de alcanzar

las fronteras detectables

—no se diga el infinito—,

como el beodo que intenta guardar

el equilibrio inútilmente

y finalmente cae.

 

\"Por el espacio, el universo nos rodea

y nos traga como un átomo\",

pero —siguiendo a Pascal—,

¿será cierto que \"por el pensamiento

abrazamos el mundo\"?

No lo creo, 

porque si así fuera,

una vez que abandonamos

las cómodas playas conocidas,

nuestra imaginación no zozobrara

en el gran océano de lo ignoto

—y quizás incognoscible—.

 

El pascaliano dictamen, sin duda,

nació de la inevitable necesidad

de atenuar la angustia

de la psique atrapada,

encerrada sin otra posibilidad

de salida que la que ofrece

la benigna fantasía,

a manera del claustrofóbico

que cierra los ojos para sentirse

fuera del asfixiante recinto.

 

Nada como la magnificencia

del inconmensurable Cosmos,

nada se le equipara,

ni siquiera tocando otras categorías,

otros modos de clasificar

y de inventar del Homo sapiens,

porque toda idea que provenga del hombre

ha de ser solo eso, humana,

como humanas son todas las religiones

de la Tierra con todas sus deidades,

incluyendo la sublimación de todos

esos dioses pasados y presentes:

Dios, con mayúscula.

 

La grandeza del Cosmos nos ofrece

la inescapable circunstancia

para mostrarnos humildes,

y aunque no quisiéramos,

tenemos suficientes motivos para serlo;

pero solo hay genuina humildad

cuando nuestro pensamiento

se acomoda al universo,

no cuando se busca torcer la realidad

—tarea vana y torpe—

para que coincida 

con nuestros engañosos deseos.

 

2011