Cuando te veo dormida
sé que mis sueños son ya realidad,
pues a tu lado encuentro mi camino,
tan cerca del anhelo,
del que fue siempre mi mayor deseo.
No tienes idea del amor que no duerme,
tan distinto al pulso que palpita
cuando estás despierta.
Este es más hondo, más fuerte:
es estar cerca y a la vez lejano,
pero es más tierno, más dulce.
Sí, preciosa...
si me preguntaras por el amor sublime,
te diría que no podría haber otro
que aquel que nace cuando te veo dormida.