En aquella vida no era alguien,
ni algo.
Era una historia, un libro,
a veces vacío, pero lleno de sentimientos
y de sabiduría.
Para algunos era como un diccionario,
como un juego del abecedario:
albedrío alterado, atreviéndose alternativamente,
brutalidad de bestias burlándose, buscando batallas.
Carencias construyendo conocimiento cerrado.
Un juego de letras para muchos,
una historia para otros.
Simplemente como una rayuela,
donde uno tira la piedra
y no ve por dónde salta
hasta llegar a la meta.
Tendrás que hacer reversa
y seguir jugando hasta alcanzar ese último número,
ese final que ni siquiera termina,
sino que recién empieza.
Para aquellos que no han escrito
ni una parte de aquellas hojas sueltas
en blanco,
pero sus mentes están hundidas en pensamientos atormentados,
con ganas de escribir, pero
manteniéndose firmes ante el miedo
a ser perseguidos por esa historia
manchada de ideas, de opiniones,
de desigualdad.