Vinieron cinco mocitos
bajando por la pendiente.
De fuego sus cuerpos eran,
y en su interior de aguardiente.
Uno más uno
igual a cero.
Niñas del agua encontraron
frescas como primaveras.
Con los ojos entornados,
de la mar, en su ribera.
Cero más cero
igual a ciento.
Cabellos rubios y al viento.
Con los cuerpos de gardenias
eran cinco niñas, cinco,
como cinco rosas nuevas.
Menos es más.
Todo es la nada.
Sus cinco sueños habían
abierto, al mar, cinco puertas,
y el mar entraba y salía
trayendo barcas desiertas.
Caracolillo
illo, illo… Pillo
Sin coplas ni cascabeles
llegó la noche nochera,
para vestir de azabache
la playa, el mar y la sierra.
Tiñe la tarde
las aguas de oro.
Crecen las barbas del beso.
Crecen y siguen creciendo.
Y una tijera de plata
me ha cortado, hasta el aliento.