Porque eres un silencio que no calla;
un eco, que de pronto está dormido,
la brisa que perenne me acompaña
y calma, cada vez estos vacíos.
No quemas, pero tú eres esa llama,
que enciende si mi cuerpo está contigo
y siento ese fulgor en tu mirada
igual, que dos luceros con sus brillos.
Porque eres mi poema a medianoche
y el libro donde escribo con mi pluma
te vivo, como el brillo de la luna,
que arropa con sus rayos siempre nobles
la inmensa soledad con mis penumbras
y bebo, de tu luz y tus pasiones.