edgardo vilches

Una Tarde en Puerto Montt

Salí a caminar y el viento oceánico

golpeó mi rostro provinciano,

mientras ardía en mis vísceras

un rumor de mar desenfrenado…

 

En silencio crucé las calles y avenidas

en un ejercicio de tiempo y espacio;

las nubes rozaban los horizontes

revelando un conjunto de miradas…

 

Desde mi corazón un repique de voces

insultaba los días que se fueron sin nada;

Bajo el brazo de una estampa marina

a lo lejos rumiaban astros extraños…

 

El destino quebró las lejanías

con una espada de innegables;

Se fueron los pasos y en silencio

un día sin horas me llenó de melancolías.