Salí a caminar y el viento oceánico
golpeó mi rostro provinciano,
mientras ardía en mis vísceras
un rumor de mar desenfrenado…
En silencio crucé las calles y avenidas
en un ejercicio de tiempo y espacio;
las nubes rozaban los horizontes
revelando un conjunto de miradas…
Desde mi corazón un repique de voces
insultaba los días que se fueron sin nada;
Bajo el brazo de una estampa marina
a lo lejos rumiaban astros extraños…
El destino quebró las lejanías
con una espada de innegables;
Se fueron los pasos y en silencio
un día sin horas me llenó de melancolías.