Alberto Escobar

Joystick

 

 

De una manera, concreta, 
(así son las cosas), o de infinitas
maneras (diría yo) —lo que pasa
es que alguien, en una antigüedad
que se pierde en lo antigüo, decidió
que las cosas fueran o fuesen de una 
de las infinitas maneras que pueden 
ser y, al pasar de unos a otros, se ins
tala enla cabezota y se hacen ley—.
La ley —esa manera impresa a fuego
es en sustancia inviolable; la necesidad,
el instinto de pertenencia, realiza el resto
del trabajo y finalmente (aunque te ape
tezca hacerlo de otra manera por probar),
el resto de los miembros de la manada
sancionan tu insolencia, atrevimiento, y
finalmente, a la postre, sale más a cuenta
no desviarse de \"la Ley\" —mejor no llamar
a la ira de los dioses—. 
¿A qué venía esto? Ya recuerdo; de alguien
que pasó por mi vida como vendaval tempra
nito de mañana, de ese que se cuela ventana
abajo limpiando todo el polvo que hay...
El problema —más bien el obstáculo
es cuando esa \"Ley\" se apodera de las manos,
de las piernas, y las conduce como si mane
jara un joystick, y riera malvada, y se regoci
jara, se jactara ante la asamblea de conceptos
de cualquier diccionario, de su poder, sin saber
del daño que eso causa en un pecador como tú. 
No sé, me estoy perdiendo, lo siento...
Pues eso... Y todo esto que cuento es así, linde
de tu finitud, de mi poquedad biológica, meta
lúrgica, antropocentrismo de hormiguero (poco más...).