EL REFLEJO DEL ESPEJO
Me apoyo en el vidrio frío del silencio, donde el mundo se dobla como un suspiro.
Mi rostro se hunde en la sombra del pensamiento y el cansancio aprende a decir mi nombre.
Hay un hombre arriba, y otro abajo, temblando en agua quieta:
Dos verdades que se miran sin tocarse, dos latidos buscando la misma calma.
La luz corta mi frente en preguntas, la oscuridad me responde con memoria.
¿Quién soy cuando nadie me observa? ¿Quién soy cuando me devuelvo la mirada? El espejo no miente, pero tampoco consuela.
Solo repite lo que callo:
El peso de los días, la esperanza dormida en los párpados, el amor que aún no se rinde.
Y en ese reflejo invertido aprendo algo simple y profundo:
No estoy roto, solo multiplicado por mis pensamientos.
Porque incluso cansado, incluso en sombra, sigo siendo luz que intenta entenderse.