Las palabras que fluyen del alma,
bañadas por la experiencia de una vida tallada,
son como el agua que mana de la montaña:
llega pura, lista para ser bebida,
y si despiertan en otros corazones su latido y alma, de sus propias vidas talladas,
se conectan a través del mismo
flujo y agua
que mana, tal y como es, transparente y natural...
susurrando eternidad, desde lo alto de la montaña.