El vencedor
¿De verdad encarnamos la pura transparencia
Que permite al músculo desnudar su presencia ?
La inquietud nos acecha, de sus hierros nos nombra
Y muerde la esperanza, del ave el vuelo es sombra.
Pero pronto ese impulso que la sangre sublima
— en el pecho el vértigo de un cielo vuelto rima —
Nos lleva aún más lejos, y el sumo vencedor
De las tinieblas yertas siempre es el latidor*.